La tortícolis congénita es otra de la patologías que más preocupan a padres con bebés recién nacidos. Es una entidad de frecuencia moderada, habitual en las consultas de traumatología infantil, pediatría y rehabilitación.

El bebé, dentro del útero materno, conforme va creciendo tiene menos espacio. Esto hace que el bebé pueda adoptar posturas forzadas y colocar la cabeza de una determinada manera.

Por ellos, los factores de riesgo de padecer esta patología son aquellos que comprometen el espacio del útero materno:

  • Embarazos gemelares.
  • Fetos más grandes de lo normal (macrosómicos).
  • Madres primerizas (con útero más pequeño).
  • Poco líquido amniótico (oligohidramnios)
  • Partos complicados (por el estiramiento del cuello al salir).

Al igual que el cuello, los pies (metatarso aducto o pies equinovaros – zambos), las caderas (displasia del desarrollo de la cadera) o la cabeza (plagiocefalia) son estructuras comúnmente afectadas en lo que se llama “síndrome del niño moldeado”.

Curiosidad: 3 de cada 4 casos de tortícolis congénita son en el lado derecho, al igual que ocurre con la displasia de la cadera. Se debe a la colocación habitual del bebé.

El músculo afectado en la tortícolis congénita es el esternocleidomastoideo, que, por la longitud de su nombre, llamaré ECM. Se llama de esta forma por sus tres orígenes, en el esternón, en la clavícula (cleido) y en la apófisis mastoides del cráneo. Será importante conocer que porción es la afectada para su posterior tratamiento.

Este músculo, debido a la posición forzada del cuello en el útero de la madre, puede sufrir y formar el llamado fibroma, que es un bulto que se nota a la palpación del ECM afectado, pudiendo también diagnosticarse por ecografía. Este fibroma es como una “cicatriz” del músculo que ha sufrido.

¿Cómo saber si su hijo tiene tortícolis congénita?

Lo primero de todo es distinguir la verdadera tortícolis congénita de la “actitud” en tortícolis congénita. El bebé afecto de tortícolis congénita, por ejemplo derecha (ECM derecho afectado), presentará:

  • Cabeza inclinada hacia la derecha.
  • La barbilla apunta hacia el lado izquierdo, es decir, rotación izquierda.
  • Posible asimetría en la cara.

A este bebé le resultará muy incómodo intentar tocar el hombro izquierdo con la oreja izquierda, debido al acortamiento del ECM derecho. ¿Entendido, no?

En el caso de bebés con “actitud” de tortícolis congénita, ellos podrán mover la cabeza a ambos lados pero se sienten más cómodos con la cabeza girada a un lado. En ellos no hay fibroma, el músculo no está corto sino contracturado y son casos de excepcional pronóstico.

Ahora bien, nuestro hijo tiene la cabeza girada hacia un lado prácticamente siempre. ¿Qué debemos hacer? Hay que ir al médico, al pediatra, y éste (si así lo considera), derivará al niño al traumatólogo infantil o rehabilitador.

¿Cómo tratar esta patología? Si se trata de una actitud en tortícolis congénita, tendremos que estimular que el niño gire hacia el lado contrario al que acostumbra. Para ello, trataremos de estimularle para que gire al lado contrario, ponerle alguna almohada para evitar el giro hacia el lado habitual o, en casos que se demoren más de lo normal, derivar al niño para un tratamiento fisioterápico.

En casos de tortícolis congénita con afectación del ECM, el bebé debe ser derivado al rehabilitador y debe comenzar tratamiento con fisioterapia, cuanto antes, mejor. Este tratamiento consistirá en estiramientos controlados del ECM acortado o afectado, en manos expertas en el tratamiento en niños. El especialista también explicará a los padres como realizarlo. Personalmente, recomiendo a los padres que se hagan unas 5-6 veces al día, con cada toma, por el día.

En casos muy rebeldes, se puede optar por el tratamiento, añadido a la fisioterapia, con collarín cervical. Incluso, en casos crónicos, se puede optar por las infiltraciones con toxina botulínica con el objetivo de relajar el músculo ECM.

¿Qué ocurre si el niño (ya no bebé) no mejora? Hay que seguir intentado la mejoría desde el punto de vista conservador, es decir, sin cirugía. Pero, en casos rebeldes, con niños mayores de 5-6 años con asimetría en la cara y acortamiento severo del ECM, la cirugía es el tratamiento a seguir.

Antes de ella, debemos identificar qué parte del ECM es el afectado, o todo en conjunto. La cirugía consiste en “cortar” el músculo afectado, para que se produzca su alargamiento. En esta imagen vemos como se han identificado las tres porciones del músculo ECM previo a su “corte”.

¿Cortar? ¿Entonces se queda el músculo cortado para siempre? No, el músculo vuelve a unirse por sí solo. Habitualmente, lo hace un poco más alargado y se resuelve la patología aunque, en ocasiones, vuelve a “pegarse” de forma acortada.

Esta cirugía debe ser realizada por traumatólogos infantiles con experiencia, ya que es una zona delicada por las estructuras que hay cercanas, como la vena yugular o arteria carótida.

La cicatriz o cicatrices de la cirugía son muy estéticas. Habitualmente, tras la cirugía, se sueñe aconsejar el uso de un collarín cervical para que el ECM cortado vuelva a pegarse pero de forma más alargada y fisioterapia posterior.

No siempre se consigue el éxito total, ya que en ocasiones persiste una leve “actitud” o leve asimetría facial pero, con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, se consigue resolver el 98% de las tortícolis congénitas sin apenas secuelas.

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