Los dedos en garra en los pies son una deformidad muy frecuente, sobre todo en pies de mujeres. Se llaman así porque recuerdan a la garra de los animales.

A pesar de que comúnmente se llaman dedos en garra, hay tres tipos de deformidades de los dedos pequeños de los pies: dedos en garra propiamente dichos (flexión de las dos articulaciones interfalángicas de los dedos), dedos en martillo (extensión de la articulación metatarso-falángica y flexión de la articulación interfalángica) y dedos en maza (solo flexión de la última articulación del dedo, la interfalángica distal).

La deformidad más frecuente es el dedo en martillo.

¿Por qué se producen?

Las causas son muy variadas:

  • Calzado: lo más frecuente. Los zapatos de punta muy estrecha o tacones, llevados durante mucho tiempo (meses o años) pueden producir una alteración en el balance muscular y tendinoso en el pie. Es importante resaltar que no todo el mundo que lleva tacones a diario desarrolla los dedos en garra, pero sí predisponen a esta deformidad (y a otras, como los juanetes).
  • Congénito: hay niños y niñas con dedos en garra desde edades muy tempranas. Son casos menos frecuentes que deben ser valorados por un traumatólogo infantil y que, habitualmente, pueden ser “heredados”.
  • Dedos en garra secundarios a otras deformidades: sobre todo, por juanete o hallux valgus (en este artículo puedes saber más acerca de esta patología). También pueden ser secundarios a pies planos, pies con acortamiento de tendón de Aquiles, etc.
  • Pies cavos: son los pies contrarios al pie plano, con excesivo puente. Este tipo de pies está muy relacionado con trastornos a nivel neurológico por lo que, en casos de dedos en garra en niños, se aconseja la valoración por neuropediatra para valorar alteraciones de nervios.

¿Todos los dedos en garra son iguales?

Es importante distinguir entre dos tipos:

a) Dedos en garra flexibles: con las manos, podemos extender el dedo.

b) Dedos en garra rígidos: no se puede conseguir la extensión del dedo.

Los dedos en garra se manifiestan con dolor y durezas (callos) en la articulación y, en ocasiones, con enrojecimiento o escozor. Los pacientes también refieren la incapacidad para calzarse con calzados estrechos o el dolor al hacer deporte.

En ocasiones, se asocia a dolor en la planta del pie a nivel de la cabeza de los metatarsianos, produciendo la llamada metatarsalgia, debido a que el dedo en garra no realiza correctamente su trabajo.

¿Podemos prevenir la deformidad en garra?

Además de evitar el uso de zapatos estrechos y de tacón (no siempre, sino de forma mantenida), podemos evitar la deformidad en ocasiones mediante:

  • Estiramientos: mediante ejercicios podemos conseguir que la retracción de tendones sea más lenta y evitar la progresión de la deformidad.
  • Estudio biomecánico de la pisada: el podólogo le podrá realizar un estudio de la marcha e indicarle, si lo precisa, el uso de plantillas de forma personalizada.
  • Ortesis o aparatos en dedos: de escasa evidencia científica pero no perjudiciales. Si el paciente los tolera o le mejora, adelante.

Todos estos consejos deben ser indicados por un profesional, ya que no todos los pies son iguales. Es más, cada pie es totalmente distinto. No vale “a mi vecina le funcionó”, “mi prima se quedó fatal”, no. Cada caso es distinto y debe ser evaluado de forma individual. Es importante recalcar lo siguiente: un pie bien estudiado, sabiendo el origen y el por qué de una deformidad, es un pie que tiene un alto porcentaje de buenos resultados.

En casos en los que la progresión continúa, el tratamiento conservador no es efectivo o los síntomas son cada vez más limitantes, queda la opción de la cirugía.

Cuando nos enfrentamos a un dedo en martillo o “en garra” que no ha mejorado con los tratamientos habituales y que precisa de cirugía, debemos distinguir lo que hemos visto al principio del artículo: si el dedo es flexible o es rígido, ya que la cirugía y el tratamiento varía.

En caso de que la “garra” sea flexible, podemos realizar una técnica de liberación de tendones y transposición (cambio de lugar) o alargamiento de tendones, sin realizar la cirugía de hueso. En ocasiones el paciente puede precisar llevar una aguja en el dedo durante alguna semana para mantener la corrección. Os muestro un ejemplo de cirugía de dedo en garra sin realizar nada en el hueso.

En casos de una “garra” rígida, habrá que actuar sobre hueso y, habitualmente, hay que hacer una pequeña resección de hueso y una fusión (artrodesis) de la articulación en garra, para evitar que se vuelva a producir la deformidad.

Como habitualmente los dedos en garra se asocian a otras patologías (metatarsalgia, juanetes, etc.), en la misma cirugía, se debe hacer una corrección de todo.

Espero que este artículo sobre esta patología tan frecuente os haya podido ayudar a resolver vuestras dudas. De ser así, te agradezco si lo compartes para poder llegar a más gente.  También puedes seguirme en mis redes sociales: FacebookTwitter e Instagram. ¡Muchas gracias!